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Monitorizando la contaminación

IMAGE: AtmotubeLos recientes incendios de California, los más intensos y extensos de toda su historia documentada, calcinaron una extensión de más de 674,957 hectáreas, y además, llenaron de humo la zona durante toda una interminable semana, provocando que los indicadores de calidad del aire ofrecieran medidas preocupantes, al nivel de las ciudades más contaminadas del mundo.

La circunstancia provocó, entre otras cosas, un importante incremento de la preocupación por los indicadores de calidad del aire: mientras los propietarios de vehículos Tesla Model S y Model X ponían a prueba su sistema de filtrado de aire – llamado Bioweapon Defense Mode, diez veces más voluminoso que el de un vehículo convencional y que afirma eliminar “el 99.97% de las partículas y contaminantes gaseosos, así como bacterias virus, polen y esporas” – y comprobaban que era bastante más que un argumento de marketing, se dispararon las ventas de dispositivos para monitorizar la contaminación de distintas características, como Atmotube, Flow, Awair o Aeroqual, entre otros. 

En pleno incremento de las evidencias de un cambio climático provocado fundamentalmente por las emisiones generadas por la actividad humana, la evaluación de la calidad del aire se está convirtiendo en una preocupación cada vez más significativa. Google, por ejemplo, ha incorporado sensores para llevar a cabo dicha evaluación a los vehículos que utiliza para elaborar sus mapas, lo que posibilitará la inclusión de esas métricas, aunque basadas en datos puntuales. Otras compañías, como Breezometer, proponen la recopilación de datos de redes de sensores de contaminación públicos y privados para mostrar un indicador al usuario en una aplicación en cualquier dispositivo o en un vehículo, y ayudar a la toma de decisiones sobre si es adecuado salir a hacer deporte, circular con las ventanillas abiertas, o bien cerrarlas y activar el aire acondicionado.

Lo interesante, sin embargo, podría estar en la vía contraria: utilizar todos los dispositivos posibles para convertirlos en estaciones monitorizadoras de contaminación móviles distribuidas, para que alimenten con sus datos unos mapas construidos de manera colectiva. La mayor parte de los dispositivos modernos e incluso vehículos como los fabricados por Tesla procesan los datos de calidad del aire y los transmiten a una aplicación de algún tipo que permite visualizarlos, e incluso generar recomendaciones o activar determinados protocolos. Conseguir que todos esos sensores distribuidos alimentasen una aplicación permitiría obtener mapas muchísimo más capilares y detallados, y evitarían procesos como los que Madrid vivió en el año 2009 durante el paso por la alcaldía de la infausta Ana Botella, que ante los datos negativos de contaminación de la capital, que superaban en gran medida los estándares marcados por las autoridades europeas, optó por eliminar las estaciones de medida con peores lecturas y reubicar otras en zonas de las afueras o en las inmediaciones de parques y jardines, práctica que fue posteriormente investigada por la Comisión Europea.

Convertir los automóviles en generadores de datos es algo ya relativamente habitual: las flotas de vehículos autónomos, por ejemplo, utilizan los múltiples sensores de todos los integrantes de la flota para obtener valiosos datos que ayudan al aprendizaje colectivo de toda la flota. En China, como es ya habitual, el gobierno monitoriza los datos de localización y recarga de los vehículos eléctricos de los ciudadanos, con la asistencia de unas compañías desesperadas por acceder al importante mercado del país y dispuestas a firmar lo que sea para ello, y muy posiblemente, sin que los propietarios de los vehículos lo supieran. Cuando los vehículos pasan a estar conectados, utilizar los datos de evaluación de la calidad del aire que pueden generar, unidos a los captados por dispositivos personales como los citados anteriormente y a los datos de geolocalización precisa es algo que podría aportar bastante a la hora de obtener mapas permanentemente actualizados sobre esos parámetros, una monitorización necesaria para poder evaluar adecuadamente las iniciativas de reducción de emisiones que se vayan progresivamente emprendiendo a medida que se incremente el nivel de concienciación en este tema.

 


Enrique Dans

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